Poca inspiración.

Yo solía escribir mis tiempos en letras temporales;
unas cuantas frases pasajeras que dormían entre-lazadas
a unos sueños perseverantes.

Me tomaba el tiempo de maldecir aquellos momentos mágicos,
sintiendo una extraña alegría de poder estar triste
y marcar estas silentes teclas con los ojos cerrados.

Esa inspiración que llegaba tras despedir lo añorado
para sentir añoranza arrepentida de esperar;
no, no más… Y mañana una vez más.

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