Te recordé.

En un atardecer de esos que no llegan a oscurecer lo suficiente,
pienso un poco en ti.

Me desoriento sin hacer conciencia
de el viento que debajo de mi viaja,
haciendo danzar aquellas hojas secas,
mientras que otras le cantan al rozar las varandas.

Ya la melodía en orden,
y la frescura del agua en armonía con mi ánimo,
entonces te recuerdo,
con tu peculiar caminar entre los muros de esta ciudad
que, no importa de dónde vienen los rayos de la estrella sol,
las sombras aparentan reflejarse en una sola dirección.

Te recuerdo, con colores en las manos,
manchando el aire mientras hablas,
maniobrando una frase tan inocente,
y luego una menos plana.
Te recuerdo sonriendo,
escondiendo esa carcajada que brinda la alegría necesaria
para discernir entre el bienestar y la añoranza.

Te recuerdo, y te recordé
y ahora me dedico a olvidar tu ausencia,
en este atardecer,
que sin darme cuenta nunca oscureció,
porque ya dejó anochecer;
ya es noche… oscura y sabia.

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